domingo, 7 de junio de 2015

DE NOBEL A NOVEL: EPISTOLARIO INÉDITO DE VICENTE ALEIXANDRE A MIGUEL HERNÁNDEZ Y A JOSEFINA MANRESA


Queridos amigos:

Asistimos a un momento grande y profundo de nuestra literatura: la publicación de la correspondencia de puño y letra de Vicente Aleixandre, el gran poeta de la generación del 27, a otro de los gigantes poetas españoles: el epígono de la generación del 27, Miguel Hernández, así como a la esposa de Miguel, Josefina Manresa.

 
El epistolario inédito editado por Jesucristo Riquelme, el gran estudioso hernandiano en Espasa
  

Ya en el 2013 supimos de esta correspondencia cuando fue adquirida por la diputación de Jaén. Se trata de 309 cartas, escritas por la mano de Aleixandre. En realidad, solo 26 de ellas, escritas entre 1935 y 1938 están dirigidas a Miguel Hernández. Las restantes 283 fueron escritas a la esposa de Miguel, Josefina Manresa, hasta el año de su muerte en 1984. 

 
Vicente Aleixandre en la biblioteca de su casa. EFE



Ahora, Jesucristo Riquelme, gran admirador y estudioso de la obra hernandiana, ha publicado este interesantísimo epistolario, que relegado a la oscuridad de un baúl, esperaba pacientemente su momento de ver la luz para iluminar nuestro espíritu con las poéticas palabras de amor, de amistad, de profundo cariño, admiración y humanidad. 


 
Miguel Hernández recitando poemas



Vicente Aleixandre sintió hacia Miguel Hernández un amor que rebosaba los límites de la amistad. Más allá de este sentimiento puro, encendido y platónico, su amistad hacia Hernández y hacia la familia de este, le llevó a intentar ayudar al poeta, y una vez muerto él en el Reformatorio de Adultos de Alicante, a su viuda e hijo, protegiéndolos contra viento y marea.



Miguel Hernández


Un testimonio de amor, de poesía, de amistad, que nos descubre a la extraordinaria persona que fue Vicente Aleixandre, así como otros detalles vitales y poéticos de Miguel Hernández y de su familia.


Miguel Hernández con su esposa, Josefina Manresa


Disfrutemos de un pequeño adelanto de este epistolario, de cuya noticia podemos disfrutar en la página de Cultura de El País digital.
Leamos ya una de las cartas con las maravillosas y poéticas palabras de nuestro Premio Nobel de Literatura, el malagueño autor de la generación del 27: Vicente Aleixandre.


Vicente Aleixandre, Premio Nobel de Literatura en 1977

 

"Mi corazón tiene un saldo en contra, una ternura en el vacío"

[Miraflores de la Sierra] 1 de septiembre [1936]

Mi querido Miguel: me ha impresionado mucho la desgracia que aflige a tu Josefina y a los suyos, y con ella a ti. Me ha dado mucha compasión. Siempre es terrible perder a un padre querido, pero perderlo así tiene que serlo mucho más, mucho más penoso y tristísimo, con una angustia y un dolor que dejan casi estupefactos. Y luego ese problema de tener que seguir viviendo; el problema material de subsistir sin medios para ello. Tú, con tu gran corazón, sufres por ellos y para ellos y te llenas de preocupación. Ayer hablé mucho de ti con Francisco Giner, de tus problemas, y le dije que a ver si podía hacer su padre algo en cuanto a empleos por ti. Le dije lo que hacías en Espasa-Calpe y que tu trabajo era temporal y terminaría pronto. Francisco es bueno y te admira, y se interesó mucho, y cree que quizá su padre pueda hacer por ti si sigue de ministro. Se le ocurrió, improvisando (su padre es amigo de Olarra, ver si el ministro se interesaba cerca del gerente de Espasa para que pases a funcionario fijo. Cuando regresemos todos a Madrid será el momento de ver qué puede hacerse por su parte. Tú ve pensando, y, si se te ocurre algo, cuando allí te entrevistes (conmigo) con Francisco, se lo dices. Todo esto todavía no es nada, de modo que no nos alegremos prematuramente. Pero tú ve pensando. Francisco estoy seguro de que hablará a su padre, cuando llegue el momento, con todo el cariño. Claro que hay que esperar a que pase esta guerra que sufre España. Esperemos que no tarde mucho.
Me alegro de que te gustara el poema. No, no era desconfianza para el lector (¿cómo iba a serlo, siendo el lector tú?): mis explicaciones no lo eran: eran deseo, gusto de comunicación contigo sobre él. Como si hubiéramos charlado allá en Velintonia. Miguelillo, cómo sabes sorber como un gigante, como un hombre, toda forma de poesía.  Ay, poeta, qué línea tan clara viene de tu sangre cuando me hablas. Qué bien te siento. En fin, Miguel, ya ves, quedamos en que se dan gritos de amor o gritos de muerte. A veces pienso si estos gritos unidos, en mí, serán consecuencia de que yo no he sido totalmente feliz en casi ningún amor. He sufrido en el amor, pasando rápidamente de gloria a infierno, y viceversa, sin transición. Porque no me han querido nunca como yo he querido; aunque me hayan querido, nunca, ay, supieron quererme como mi corazón pedía. Solo una vez me quisieron así, con locura, con desatino, con frenesí... y entonces yo no quería. Ya ves. Otra vez quise de ese modo y fui querido lo mismo (es la única), y el fin fue trágico, de un modo que dejó huella en mí para mientras viviera.
De modo que mi corazón tiene un saldo en contra, una ternura en el vacío, y ha trabajado para el aire, para el polvo. Quizá por eso no está gastado por otra parte, y vive y canta con el robusto anhelo de una juventud que para él no veo cuándo acabe. Creo que cuando muera. Porque me parece que será joven hasta la tumba. Desde un comienzo supo que el amor y la muerte son como dos caras de la misma misteriosa presencia, y que el amor, tan arrebatador, tan inaprensible, es como la delicada y mágica apariencia del último contacto, disolución en la unión para siempre. En algunos sitios, al momento del último goce físico en brazos del amor le llaman “la muerte chiquita”. Fíjate qué maravilla: ¡la muerte chiquita! Y eso es: porque es el aniquilamiento momentáneo sobre un cuerpo que mata. Y qué pena despertar, resucitar, para esa otra clase de muerte: la muerte vulgar de cada minuto. Pero, en fin, de todo se hace nuestra vida y no hay que renegar de nada.
Todo esto a propósito de un poema. Para que veas, que no son explicaciones, sino afán de comunicación contigo. Como la poesía está tan unida a la vida, hablar de una es hablar de la otra.Y no es que yo piense en los incidentes concretos de mi vida cuando escribo. Es la mano de un hombre la que escribe, y lo que apetece al hombre poeta es que su poesía no sea suya solo, sino de otros hombres, otros que amaron y sufrieron, y que al oír la poesía digan algo que es suyo, como de otros, otros que amaron y sufrieron como ellos, antes que ellos, después que ellos...
Tú sabes de esto como yo. Tu corazón es de carne, y hay en la vena de tu poesía un latido que es comunión humana con otros corazones. Los poetas así, cuando cantamos nuestros sentimientos no hablamos de nosotros, ¡no!; yo siento que por mí hablan muchos hombres que no escriben versos.
Miguelillo, parece que veo brillar tu mirada charlando de todas estas cosas. Anteayer escribí a Carlos Fenoll. Ayer a Pablo. No, no saldré de Miraflores por ahora. Cuando lo haga será para ir a Madrid, pero no creo que sea antes de fin de mes. Aquí hay tranquilidad. Estuve en Madrid, pero el calor me sentaba muy mal y me puse enfermo. Aquí estoy mejor; algún día salgo fuera de casa y voy un poco por algún camino en el campo, generalmente con Francisco. Hay ocasiones, como la presente, en que habitar un cuerpo de tercera resulta mortificante y desesperante. No te creas que estoy peor que otros años; más bien mejor, pero a ratos me apena ver fallar mi cuerpo por la salud y cuando más necesario me sería para hacer frente a todo.
Miguel, ya ves qué carta tan larga te estoy escribiendo. Le he preguntado a Manolo si sabe algo del posible jurado de tu concurso. Si lo hay y lo sabe, te lo comunicaré. Yo dudo que ahora se resuelva el asunto. Supongo que El labrador de más aire vendrá contigo de tu Orihuela. Ya nos reuniremos con él y con tus oriolanos.
Tu Josefina no me conoce. Pero dile que un amigo tuyo se acuerda de ella y a través de ti se une a su pena tan grande.
Escríbeme pronto. Ya ves yo. Y dime si todavía te podré escribir a Orihuela.
Miguelillo, me alegra mucho ver nuestra amistad tan honda. Qué fuerte me hace ella también. Mientras vivamos seremos amigos. Te abrazo mucho y siempre igual, hasta siempre. Vicente

 
Aleixandre ante la tumba de Miguel Hernández


Aún tiritando ante la emoción que transmite el momento en el que está escrita esta carta y las sentidas palabras de Aleixandre, recordemos que Velintonia, era la calle, cuyo número 3 albergaba la casa-chalet del poeta, rebautizada como calle Vicente Aleixandre. 

 
La que fuera calle Velintonia, actual calle de Vicente Aleixandre



Cerrada la casa del poeta a cal y canto desde su fallecimiento en 1984, había albergado vida y pasión poética, por ella hubieron desfilado los autores del 27, así como los poetas de generaciones posteriores. Artistas, poetas, estudiosos se reunieron el 13 de junio de 2014 en la casa del artista ante el temor de que fuera la última vez posible, rindiendo un sentido homenaje al poeta, como recoge el País cultural en su edición digital


Luis Eduardo Aute, durante el homenaje a Vicente Aleixandre en su casa madrileña, el 13 de junio de 2014. En primera fila, de abajo arriba, Alejandro Sanz, presidente de la Asociación de Amigos de Aleixandre, Vicente Molina Foix y Fernando Delgado. / Santi Burgos (EL PAÍS).



Aleixandre a la izquierda, en el centro Luis Cernuda y a la derecha Federico García Lorca


Parece que finalmente no se podrá rescatar la casa del Premio Nobel, para convertirla en casa-museo, un dolor que nos atraviesa hasta el tuétano a los amantes de Aleixandre y de la poesía. Podemos consultar el estado de la situación en la hemeroteca de El País, ¿qué ocurría en 2007?


La asociación de amigos de Vicente Aleixandre clama por salvar la casa del poeta



Recordemos ahora, algunos de los versos de dos de nuestros más grandes poetas: Vicente Aleixandre y Miguel Hernández.

Empecemos con Vicente Aleixandre:

Elegía (En la muerte de Miguel Hernández)
Vicente Aleixandre


I
No lo sé. Fue sin música.
Tus grandes ojos azules
abiertos se quedaron bajo el vacío ignorante,
cielo de losa oscura,
masa total que lenta desciende y te aboveda,
cuerpo tú solo, inmenso,
único hoy en la Tierra,
que contigo apretado por los soles escapa.
Tumba estelar que los espacios ruedas
con sólo él, con su cuerpo acabado.
Tierra caliente que con sus solos huesos
vuelas así, desdeñando a los hombres.
¡Huye! ¡Escapa! No hay nadie;
sólo hoy su inmensa pesantez de sentido,
Tierra, a tu giro por los astros amantes.
Solo esa Luna que en la noche aún insiste
contemplará la montaña de vida.
Loca, amorosa, en tu seno le llevas,
Tierra, oh Piedad, que sin mantos le ofreces.
Oh soledad de los cielos. Las luces
sólo su cuerpo funeral hoy alumbran.

 
Jantina Peperkamp



II
No, ni una sola mirada de un hombre
ponga su vidrio sobre el mármol celeste.
No le toquéis. No podríais. El supo,
sólo él supo. Hombre tú, solo tú, padre todo
de dolor. Carne sólo para amor. Vida solo
por amor. Sí. Que los ríos
apresuren su curso: que el agua
se haga sangre: que la orilla
su verdor acumule: que el empuje
hacia el mar sea hacia ti, cuerpo augusto,
cuerpo noble de luz que te diste crujiendo
con amor, como tierra, como roca, cual grito
de fusión, como rayo repentino que a un pecho
total único del vivir acertase.
Nadie, nadie. Ni un hombre. Esas manos
apretaron día a día su garganta estelar. Sofocaron
ese caño de luz que a los hombres bañaba.
Esa gloria rompiente, generosa que un día
revelara a los hombres su destino; que habló
como flor, como mar, como pluma, cual astro.
Sí, esconded, esconded la cabeza. Ahora hundidla
entre tierra, una tumba para el negro pensamiento
cavaos,
y morded entre tierra las manos, las uñas, los dedos
con que todos ahogasteis su fragante vivir.

 
Jantina Peperkamp



III
Nadie gemirá nunca bastante.
Tu hermoso corazón nacido para amar
murió, fue muerto, muerto, acabado, cruelmente acuchillado de odio...
¡Ah! ¿Quién dijo que el hombre ama?
¿Quién hizo esperar un día amor sobre la tierra?
¿Quién dijo que las almas esperan el amor y a su sombra florecen?
¿ Que su melodioso canto existe para los oídos de los hombres?
Tierra ligera, ¡vuela!
Vuela tú sola y huye.
Huye así de los hombres, despeñados, perdidos,
ciegos restos del odio, catarata de cuerpos
crueles que tú, bella, desdeñando hoy arrojas.
Huye. hermosa, lograda,
por el celeste espacio con tu tesoro a solas.
Su pesantez, al seno de tu vivir sidéreo
da sentido, y sus bellos miembros lúcidos para siempre
inmortales sostienes para la luz sin hombres.


                                    Vicente Aleixandre (De Nacimiento último)




Reinhardt Sobye



Unidad en ella

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

                    Vicente Aleixandre (De La destrucción o el amor)



Miguel Hernández



Continuamos con Miguel Hernández:
 
Canción última

Pintada, no vacía:
pintada está mi casa
del color de las grandes
pasiones y desgracias.

Regresará del llanto
adonde fue llevada
con su desierta mesa
con su ruidosa cama.

Florecerán los besos
sobre las almohadas.
Y en torno de los cuerpos
elevará la sábana
su intensa enredadera
nocturna, perfumada.

El odio se amortigua
detrás de la ventana.

Será la garra suave.


Dejadme la esperanza.



                           Miguel Hernández (De El hombre acecha)




Odd Nerdrum




El herido

Para la libertad sangro, lucho, pervivo.
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad siento más corazones

que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.




Odd Nerdrum


Para la libertad me desprendo a balazos

de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,

ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.




Reinhardt Sobye



Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.


                             Miguel Hernández (De El hombre acecha)




Versión musicalizada de Para la libertad de Joan Manuel Serrat




Nanas de la cebolla

La cebolla es escarcha
cerrada y pobre.
Escarcha de tus días
y de mis noches.
Hambre y cebolla,
hielo negro y escarcha
grande y redonda.

En la cuna del hambre
mi niño estaba.
Con sangre de cebolla
se amamantaba.
Pero tu sangre,
escarchada de azúcar,
cebolla y hambre.



Odd Nerdrum



Una mujer morena
resuelta en luna
se derrama hilo a hilo
sobre su cuna.
Ríete, niño,
que te tragas la luna
cuando es preciso.



Alondra de mi casa,
ríete mucho.
Es tu risa en los ojos
la luz del mundo.
Ríete tanto
que en el alma, al oírte,
bata el espacio.





Odd Nerdrum


Tu risa me hace libre,
me pones alas.
Soledades me quita,
cárcel me arranca.
Boca que vuela,
corazón que en tus labios
relampaguea.

Es tu risa la espada
más victoriosa,
vencedor de las flores
y las alondras.
Rival del sol.
Porvenir de mis huesos
y de mi amor.




Odd Nerdrum


La carne aleteante,
súbito el párpado,
y el niño como nunca
coloreado.
¡Cuánto jilguero
se remonta, aletea,
desde tu cuerpo!

Desperté de ser niño;
nunca despiertes.
Triste llevo la boca.
Ríete siempre.
Siempre en la cuna
defendiendo la risa
pluma por pluma. 




Odd Nerdrum



Ser de vuelo tan alto,
tan extendido,
que tu carne parece
cielo cernido.
¡Si yo pudiera
remontarme al origen
de tu carrera!

Al octavo mes
con cinco azahares.
Con cinco diminutas
ferocidades.
Con cinco dientes
como cinco jazmines
adolescentes.




Odd Nerdrum



Frontera de los besos
serán mañana,
cuando en la dentadura
sientas un arma.
Sientas un fuego
correr dientes abajo
buscando el centro.

Vuela niño en la doble
luna del pecho.
Él, triste de cebolla.
Tú, satisfecho.
No te derrumbes.
No sepas lo que pasa
ni lo que ocurre.


    Miguel Hernández (De Cancionero y romancero de ausencias)




Odd Nerdrum





Nanas de la cebolla, en la versión musicalizada por Joan Manuel Serrat.


No os perdáis, tampoco, estos maravillosos documentales sobre nuestros geniales poetas:



Las tres heridas de Miguel Hernández



Entrevista a la viuda de Miguel Hernández, doña Josefina Manresa




 21 poemas recitados por Vicente Aleixandre




Entrevista a Vicente Aleixandre






Tumba en la que reposan desde 1986 los restos de Miguel Hernández junto a los de su esposa, Josefina Manresa y su hijo Manuel Miguel, en un terreno cedido por el Ayuntamiento de Alicante en el propio cementerio.




Miguel Hernández

Espero que os guste este paseo por la literatura, la pasión, la poesía y la historia. Un beso, amigos.

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2 comentarios:

  1. La vida no sería completa sin estos poemas. Es satisfactorio saber que hay gente que siente de esa forma. Carmen 2g

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    1. Querida Carmen:

      Así es, no sería la mismo, porque los poetas tienen el don de crear un universo porpio con sus palabras, son "demiurgos" al modo de decir de Platón, auténticos dioses del mundo que habita en sus versos.

      Para ti, querida Carmen, por tu sensibilidad ante la poesía, este poema de Miguel Hernández de "Cancionero y romancero de ausencias", que dice así:

      "El amor ascendía entre nosotros
      como la luna entre las dos palmeras
      que nunca se abrazaron.

      El íntimo rumor de los dos cuerpos
      hacia el arrullo un oleaje trajo,
      pero la ronca voz fue atenazada.
      Fueron pétreos los labios.

      El ansia de ceñir movió la carne,
      esclareció los huesos inflamados,
      pero los brazos al querer tenderse
      murieron en los brazos.

      Pasó el amor, la luna, entre nosotros
      y devoró los cuerpos solitarios.
      Y somos dos fantasmas que se buscan
      y se encuentran lejanos."

      Conmovedor siempre nuestro querido poeta, espero que te guste, querida Carmen. Gracias siempre por tu interés y tu inquietud por aprender. Eres encantadora. Un abrazo fuerte.

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