sábado, 22 de febrero de 2014

22 DE FEBRERO DE 2014, 75 AÑOS DE LA MUERTE DE ANTONIO MACHADO


Queridos amigos:


Hoy compartimos una fecha especial, el 75 aniversario de la muerte de nuestro amadísimo poeta Antonio Machado (Sevilla, 1875-Collioure, 1939). También dramaturgo (junto a su hermano Manuel Machado) y narrador en prosa en sus escritos filosóficos como Juan de Mairena.



Antonio Machado


Vamos a dedicarle desde el corazón este sentido homenaje todos los que amamos sus versos, su mundo, sus emociones.

Se considera a Antonio Machado cercano a la Generación del 98 en algunos de sus poemas, por ejemplo de Campos de Castilla. Modernista también en sus Soledades o Galerías.


Antonio Machado junto a su esposa Leonor



La mezcla de sus acentos en el amor por Castilla y en su grito contra la abulia noventayochista, su particular simbolismo modernista nacido del contacto con la literatura francesa en sus viajes a París acompañado por su hermano, Manuel o el gran poeta Rubén Darío, y su búsqueda metafísica hacen de él uno de los autores más grandes de la literatura universal por el tono tan personal y único que le caracteriza.


Manuel y Antonio Machado

Uno de los más prestigiosos hispanistas actuales, Ian Gibson, ha escrito una extraordinaria obra: Ligero de equipaje sobre la vida de Antonio Machado. 


Portada del libro de Ian Gibson



Deleitémonos en un viaje por algunos de sus siempre espléndidos poemas:

José Rico Cejudo


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
y un huerto claro donde madura el limonero;
mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Ni un seductor Manara, ni un Bradomín he sido
-ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.

Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
pero mi verso brota de manantial sereno;
y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.

Adoro la hermosura, y en la moderna estética
corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
mas no amo los afeites de la actual cosmética,
ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.

Desdeño las romanzas de los tenores huecos
y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
y escucho solamente, entre las voces, una.

¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
mi verso, como deja el capitán su espada:
famosa por la mano viril que la blandiera,
no por el docto oficio del forjador preciada.

Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.

Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
el traje que me cubre y la mansión que habito,
el pan que me alimenta y el lecho en donde yago.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.    
                                 (Campos de Castilla)



Alex Alemany



Pegasos, lindos pegasos,
caballitos de madera...

Yo conocí siendo niño,
la alegría de dar vueltas 
 sobre un corcel colorado,
en una noche de fiesta.



Adrian Borda

 En el aire polvoriento
chispeaban las candelas,
y la noche azul ardía
toda sembrada de estrellas.

¡Alegrías infantiles
que cuestan una moneda
de cobre, lindos pegasos,

caballitos de madera!

 (Soledades, galerías y otros poemas)




Versión musicalizada de Adolfo Celdrán



Santiago Rusiñol

Las ascuas de un crepúsculo morado
detrás del negro cipresal humean...
En la glorieta en sombra está la fuente
con su alado y desnudo Amor de piedra,
que sueña mudo. En la marmórea taza
reposa el agua muerta.
 (Soledades, galerías y otros poemas)


Étienne-Maurice Falconet

Desgarrada la nube ; el arco iris
brillando ya en el cielo,
Christina Wyatt
y en un fanal de lluvia
y sol el campo envuelto.
Desperté. ¿ Quién enturbia
los mágicos cristales de mi sueño?
Mi corazón latía
atónito y disperso.
...¡El limonar florido,
el cipresal del huerto,
el prado verde, el sol, el agua, el iris...,
¡el agua en tus cabellos!...

Y todo en la memoria se perdía
como una pompa de jabón al viento.
 (Soledades, galerías y otros poemas)



    

Versión musicalizada de Hilario Camacho



Santiago Rusiñol


Una noche de verano
-estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa-
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
-ni siquiera me miró-,
con unos dedos muy finos
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón.
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!

(Campos de Castilla)



Santiago Rusiñol

Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...

No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?

Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.

Por estos campos de la tierra mía,
bordados de olivares polvorientos,
voy caminando solo,
triste, cansado, pensativo y viejo. 

 (Campos de Castilla)



Santiago Rusiñol





Santiago Rusiñol
Yo escucho los cantos
de viejas cadencias,
que los niños cantan
cuando en corro juegan,

y vierten en coro
sus almas que sueñan,
cual vierten sus aguas
las fuentes de piedra:
con monotonías
de risas eternas,
que no son alegres;
con lágrimas viejas,
que no son amargas,
y dicen tristezas,
tristezas de amores

de antiguas leyendas.
Santiago Rusiñol







En los labios niños,

las canciones llevan
confusa la historia
y clara la pena;
como clara el agua
lleva su conseja
de viejos amores,
que nunca se cuentan.

Jugando, a la sombra 

de una plaza vieja,
los niños cantaban...


 
La fuente de piedra
Santiago Rusiñol

vertía su eterno
cristal de leyenda.

Cantaban los niños

canciones ingenuas
de un algo que pasa
y que nunca llega:
la historia confusa

y clara la pena.

Seguía su cuento

la fuente serena.
Borrada la historia,

contaba la pena. 
 (Soledades, galerías y otros poemas)  




Versión de Enrique Morente (Minuto 05,55 - 07,20)




Santiago Rusiñol




Santiago Rusiñol
Santiago Rusiñol
Yo voy soñando caminos
de la tarde. ¡Las colinas
doradas, los verdes pinos,
las polvorientas encinas!...

¿Adónde el camino irá?

Yo voy cantando, viajero,
a lo largo del sendero...
-La tarde cayendo está-.

En el corazón tenía
la espina de una pasión;

logré arrancármela un día;

ya no siento el corazón.

Y todo el campo un momento
se queda, mudo y sombrío,
meditando. Suena el viento
en los álamos del río.



La tarde más se oscurece;
y el camino se serpea
y débilmente blanquea,
se enturbia y desaparece.

Mi cantar vuelve a plañir:
Aguda espina dorada,
quién te volviera a sentir
en el corazón clavada.
 (Soledades, galerías y otros poemas)

                                                                                                                                                                                                                Santiago Rusiñol



                                                                                                                 
Versión musical de Alberto Cortez



Inventario galante 

Tus ojos me recuerdan
las noches de verano,

negras noches sin luna,
orilla al mar salado,
y el chispear de estrellas
del cielo negro y bajo.
Tus ojos me recuerdan
las noches de verano.
Y tu morena carne,
los trigos requemados,
y el suspirar de fuego
de los maduros campos.
Tu hermana es clara y débil
como los juncos lánguidos,
como los sauces tristes,
como los linos glaucos.

Tu hermana es un lucero
en el azul lejano...
Y es alba y aura fría
sobre los pobres álamos
que en las orillas tiemblan
del río humilde y manso.
Tu hermana es un lucero
en el azul lejano.
De tu morena gracia
de tu soñar gitano,
de tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Me embriagaré una noche
de cielo negro y bajo,
para cantar contigo,
orilla al mar salado,
una canción que deje
cenizas en los labios...
De tu mirar de sombra
quiero llenar mi vaso.
Para tu linda hermana
arrancaré los ramos
de florecillas nuevas
a los almendros blancos
en un tranquilo y triste
alborear de marzo.
Los regaré con agua
de los arroyos claros,
los ataré con verdes
junquillos del remanso...
Para tu linda hermana
yo haré un ramito blanco.
    (Soledades, galerías y otros poemas)


Alex Alemany



XCVIII
(A ORILLAS DEL DUERO)


Mediaba el mes de julio. Era un hermoso día.
Yo, solo, por las quiebras del pedregal subía,
buscando los recodos de sombra, lentamente.
A trechos me paraba para enjugar mi frente
y dar algún respiro al pecho jadeante;
o bien, ahincando el paso, el cuerpo hacia adelante
y hacia la mano diestra vencido y apoyado
en un bastón, a guisa de pastoril cayado,
trepaba por los cerros que habitan las rapaces
aves de altura, hollando las hierbas montaraces
de fuerte olor -romero, tomillo, salvia, espliego-.
Sobre los agrios campos caía un sol de fuego.

Un buitre de anchas alas con majestuoso vuelo
cruzaba solitario el puro azul del cielo.
Yo divisaba, lejos, un monte alto y agudo,
y una redonda loma cual recamado escudo,
y cárdenos alcores sobre la parda tierra
-harapos esparcidos de un viejo arnés de guerra-,
las serrezuelas calvas por donde tuerce el Duero
para formar la corva ballesta de un arquero
en torno a Soria. -Soria es una barbacana,
hacia Aragón, que tiene la torre castellana-.
Veía el horizonte cerrado por colinas
obscuras, coronadas de robles y de encinas;
desnudos peñascales, algún humilde prado
donde el merino pace y el toro, arrodillado
sobre la hierba, rumia; las márgenes del río
lucir sus verdes álamos al claro sol de estío,
y, silenciosamente, lejanos pasajeros,
¡tan diminutos! -carros, jinetes y arrieros,
cruzar el largo puente, y bajo las arcadas
de piedra ensombrecerse las aguas plateadas
del Duero.

El Duero cruza el corazón de roble
de Iberia y de Castilla.

¡Oh tierra triste y noble,
la de los altos llanos y yermos y roquedas,
de campos sin arados, regatos ni arboledas;
decrépitas ciudades, caminos sin mesones,
y atónitos palurdos sin danzas ni canciones
que aun van, abandonando el mortecino hogar,
como tus largos ríos, Castilla, hacia la mar!

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus andrajos desprecia cuanto ignora.
¿Espera, duerme o sueña? ¿La sangre derramada
recuerda, cuando tuvo la fiebre de la espada?
Todo se mueve, fluye, discurre, corre o gira;
cambian la mar y el monte y el ojo que los mira.
¿Pasó? Sobre sus campos aun el fantasma yerra
de un pueblo que ponía a Dios sobre la guerra.

La madre en otro tiempo fecunda en capitanes,
madrastra es hoy apenas de humildes ganapanes.
Castilla no es aquella tan generosa un día,
cuando Mio Cid Rodrigo el de Vivar volvía,
ufano de su nueva fortuna, y su opulencia,
a regalar a Alfonso los huertos de Valencia;
o que, tras la aventura que acreditó sus bríos,
pedía la conquista de los inmensos ríos
indianos a la corte, la madre de soldados,
guerreros y adalides que han de tornar, cargados
de plata y oro, a España, en regios galeones,
para la presa cuervos, para la lid leones.
Filósofos nutridos de sopa de convento
contemplan impasibles el amplio firmamento;
y se les llega en sueños, como un rumor distante,
clamor de mercaderes de muelles de Levante,
no acudirán siquiera a preguntar: ¿qué pasa?
Y ya la guerra ha abierto las puertas de su casa.

Castilla miserable, ayer dominadora,
envuelta en sus harapos desprecia cuanto ignora.

El sol va declinando. De la ciudad lejana
me llega un armonioso tañido de campana
-ya irán a su rosario las enlutadas viejas-.
De entre las peñas salen dos lindas comadrejas;
me miran y se alejan, huyendo, y aparecen
de nuevo, ¡tan curiosas!... Los campos se obscurecen.
Hacia el camino blanco está el mesón abierto
al campo ensombrecido y al pedregal desierto.   
   
(Campos de Castilla)


Pilar Soria

[...]
 
VII 
  ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, oscuros encinares,
ariscos pedregales, calvas sierras,
caminos blancos y álamos del río,
tardes de Soria, mística y guerrera,
hoy siento por vosotros, en el fondo
del corazón, tristeza,
tristeza que es amor! ¡Campos de Soria,
donde parece que las rocas sueñan,
conmigo vais! ¡Colinas plateadas,
grises alcores, cárdenas roquedas!...

                
Santiago Rusiñol
   
VIII
 

He vuelto a ver los álamos dorados,
álamos del camino en la ribera
del Duero, entre San Polo y San Saturio,
tras las murallas viejas
de Soria—barbacana
hacia Aragón, en castellana tierra—.
  Estos chopos del río, que acompañan
con el sonido de sus hojas secas
el son del agua cuando el viento sopla,
tienen en sus cortezas
grabadas iniciales que son nombres
de enamorados, cifras que son fechas.
¡Álamos del amor, que ayer tuvisteis
de ruiseñores vuestras ramas llenas;
álamos que seréis mañana liras
del viento perfumado en primavera;
álamos del amor cerca del agua
que corre y pasa y sueña,
álamos de las márgenes del Duero,
conmigo vais, mi corazón os lleva!
 
 
Santiago Rusiñol
IX
¡Oh!, sí, conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!  
 (Campos de Castilla) 
 
 
 

Diego Velázquez
                          ¿Quién me presta una escalera,
                               para subir al madero
                               para quitarle los clavos                      
                               a Jesús el Nazareno? 
            Saeta popular                                   
                                                            




 
¡Oh la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero,
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar! 
 
(Campos de Castilla) 



Santiago Rusiñol


A UN OLMO SECO

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.
 


                       Versión musicalizada por Serrat



Séverine Pineaux


Caminante, son tus huellas
el camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar.
 

(Proverbios y Cantares)


 

Versión de Serrat y Sabina

Santiago Rusiñol




                   IV
  Nuestras horas son minutos
cuando esperamos saber,
y siglos cuando sabemos
lo que se puede aprender.


                  X
  La envidia de la virtud
hizo a Caín criminal.
¡Gloria a Caín! Hoy el vicio
es lo que se envidia más.


 
                XXIII
  No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada.
Yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.



                  XXI
  Ayer soñé que veía
a Dios y que a Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.



                 XLI
  Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.
 
   
                XLIV
  Todo pasa y todo queda;
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.

  
                 LIII
  Ya hay un español que quiere
vivir y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra España que bosteza.
Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios.
Una de las dos Españas
ha de helarte el corazón.
 




 Versión de Paco Ibáñez


 Las últimas palabras de Antonio Machado halladas en el bolsillo de su abrigo:


"Estos días azules y este sol de la infancia..."
¡No estás muerto, querido poeta


                   Placa al pie de su tumba


 
NO DEJÉIS DE DISFRUTAR DEL MARAVILLOSO DOCUMENTAL QUE NOS HA REGALADO RTVE CON MOTIVO DE ESTE 75 ANIVERSARIO DE SU MUERTE. 

VER VÍDEO

Antonio Machado


 ...

lunes, 10 de febrero de 2014

MANUEL SEGURA: ALUMNO DEL CENTRO Y CANTAOR GENERALÍSIMO

Queridos amigos:

Vamos a recordar un momento único vivido en nuestro centro. Un momento de encuentro con el arte en estado puro, con los sentimientos más profundos, el cante jondo, el amor por el flamenco, por los versos iluminados, por la pasión desgarradora de la guitarra y los geniales pasos del baile. Y es que el 19 de diciembre de 2013, nuestro salón de actos se convirtió en un camino directo hacia el conocimiento de arte y de la propia vida.

Heme aquí rodeada de los maestros. Olé mil veces y vivan los grandes. 
 

Mario Bueno, Roberto Hernández, servidora de ustedes y Manolo Segura











... 

...


...

...


 ...

Qué fortuna poder disfrutar de la voz de nuestro compañero Manuel Segura, de renombre internacional; de un guitarrista excepcional: Roberto Hernández, y un bailaor que nos arrancaba del suelo y nos transportaba al cielo zapateando, bueno, como dijo el maestro Segura: Mario Bueno.



Andrew Atroshenko


Las emociones que allí se vivieron es difícil transmitirlas con la palabra. 



Andrew Atroshenko


De la alegría al quejío,  de la guajira a la rumba... no había persona en el salón de actos que no siguiera el ritmo con sus pies, que no se atreviera con unas palmas, que no gritara un "¡olé!" arrebatado.
...
...
Andrew Atroshenko


Y es que cuando los grandes se ponen a la voz, al toque y al baile, a los demás nos resta sumergirnos en la maravilla que crean y dejarnos llevar a otro mundo, que a veces toca por alegrías y otras por soleares.


Andrew Atroshenko


 ¿Se imaginan como movía el aire Mario Bueno?



Mario Bueno al baile, Manuel Segura al cante y Roberto Hernández a la guitarra


Hasta las plantas lloran



Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


Viva la delicadeza y la sensibilidad


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


Torbellino rebosante de corazón


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


El escenario vibraba y las almas de los asistentes no dábamos crédito a tanta belleza


Manolo Segura, Mario Bueno, Roberto Hernández


Sentimiento puro


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández





Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández



Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández
Contención que precede al desgarro


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández
















Arrancando embrujo a la atmósfera


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández






























¿Escuchan ahora las palmas y oyen la voz y la guitarra?


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández










 ...

  Una mirada que se clava en el alma, palabra de aficionada


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


Me encanta cómo contemplan el bailaor y el guitarrista al cantaor, nuestro Manolo


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


Palmas y guitarra 


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


Ahí va Manolo, a acompañar su cante con unos pasos plenos de arte:


Mario Bueno, Manolo Segura, Roberto Hernández


 Corto se queda este pequeño y humilde reportaje. Difícil será corresponder el regalo tan vibrante que nos hicieron estos genios. 
Se me ocurre recurrir al nombre de tu nuestro compañero y sea de Manuel a Manuel como le podamos recompensar.


Andrew Atroshenko


Manuel Machado en sus Estampas sevillanas expone su pequeña historia de un cante hondo, ahí va:


Andrew Atroshenko

"A fines del siglo XVIII floreció en Jerez -providísima tierra del arte y artistas populares- tío Luis el de la Juliana, que fue el primer gran cantaor de flamenco de que hacemos memoria.


Andrew Atroshenko


De cualquier modo, tengo para mí que, en general, los orígenes del cante popular andaluz, y especialmente del cante grande, del cante hondo, gitano o flamenco, son bastante oscuros y sería muy difícil localizar, como ahora se dice, el primer grupo de cañís que, llegada la noche y acabado el trabajo en la fragua, se sentó en torno de una lata de aguardiente y empezó a cantarle seguiriyas a trago por copla.
...


http://www.arteespana.com/imagenes/julioromerodetorres.jpg
Julio Romero de Torres
Lo que ya podemos considerar como histórico en esta materia: el desarrollo de los cantes y bailes flamencos desde que aparecen los primeros nombres de artistas de este linaje hasta nuestros días, podríamos dividirlo en tres etapas o edades, jalonadas por los más ilustres y representantes de esos nombres.
Sería la primera la que va del último tercio del XVIII hasta bien entrado el XIX con tío Luis el de la Juliana, gran cantaor general; es decir, que lo cantaba todo, desde la misteriosa y gitana debla hasta el serrano fandanguillo corto de Alonso...



Julio Romero de Torres


Rigurosamente coetáneos del hijo de la Juliana, o sus sucesores inmediatos, fueron tío Luis el Cautivo, tía María la Jaca, Vicente y Juan Macarrón, tío Corro, José y Juan Cantoral, Luis Jesús, Juan de Vargas, cantaores igualmente generales; los seguiriyeros Juan Bernal, Curro Casado, Luis de Rueda, Cuadrillero... Ellos nos traen, a través del primer tercio del pasado siglo, hasta el momento cumbre en que aparece el Fillo, y con él pasa a su segunda etapa nuestra Historia del Cante.



Julio Romero de Torres


Francisco Ortega Vargas, conocido por el Fillo, ha sido, sin duda, el más famoso de los cantaores de todos los tiempos, y el suyo, la edad de oro del cante flamenco. Tenía el Fillo, parece, una voz ronquilla o, por mejor decir, afilada, que así, de su nombre dio en llamarse, y aún se llama, a este género de voz. A pesar de los cual nadie dijo como él una soleá, una seguiriya o playera, una serrana, un polo, una caña, una policaña, una liviana ni una toná grande. 


Andrew Atroshenko


Con el Fillo convivieron y cantaron, aunque sin llegarle nunca, artistas tan notables como sus hermano Curro Pabla y Juan Encueros, Juan de Dios, Perico Piña, el Planeta, Juana la Sandita, Pepa la Bochoca, la Lola -"la Lola se va a los puertos.- La Isla se queda sola"-, y entre muchos más, y sobre todos, la celebérrima Andonda, que no se paraba en chiquitas para denostrar, siquiera fuese en broma, a su afortunado rival:



Silverio Franconetti Aguilar

 La Andonda le dijo al Fillo:
"Anda, vete, gallo bronco
a cantarle a los chiquillos..."

 
La tercera época de la historia del cante hondo la llena toda el nombre ilustre del señor Silverio... Silverio Franconetti Aguilar, cantaor también generalísimo, pero inimiable en el más hondo de los cantes: las seguiriyas gitanas. Para terminar estas notas, ya más dilatadas de lo propuesto, os referiré un suceso que prueba hasta qué punto el prestigio de Silverio fue único, inigualable... e inconfundible.
Silverio Franconetti Aguilar


Allá por el año de 1864 hacía más de diez años que Silverio Franconetti -señor Silverio, como ya empezaba a llamársele por respeto a su persona y a su arte -faltaba en Sevilla... Amores  ambiciones le llevaron a América, a nuestra América, y allí fue, en la paz, picador de toros, y soldado en la guerra, que le valió, en el Uruguay, el grado de oficial. En Sevilla se le dio por muerto y se olvidó su persona, pero no su cante maravilloso, que en vano trataban de remedar los cantaores en boga.


Café cantante

Y una buena noche, en el famoso café cantante, se presentó un caballero todavía joven, con bien cuidada y atusada barba negra, pero ya empezando a canear por las sienes, bien vestido y alhajado con larga cadena de dos vueltas al pecho y brillantes sortijas en los dedos. 

Andrew Atroshenko


 Pidió una buena botella de jerez y convidó a los artistas del tablado flamenco, los cuales, a requerimiento suyo, una vez terminada la función para el público, se quedaron a cantar y a bailar exclusivamente para el rico indiano desconocido, un tanto pesarosos del descanso que perdía, pero bien seguros de cobrar largamente la vigilia. De tal modo le veían gastar sin contarlas sus buenas peluconas.


José Gutiérrez Solana


Metiose el palo en candela, como suele decirse, y la noche en vino, y al cabo surgió lo que ya se temían los artistas y estaban dispuestos a tolerar, claro es, ero solamente, a peso de oro. Y fue que al payo de los parneses se le antojó, ya de madrugada, echar su cuarto a espadas en materia de cante y pidió al tocaor de guitarra que le acompañase nada menos que unas seguiriyas gitanas. 


Andrew Atroshenko


Miráronse unos a otros los flamencos, diéronse del codo y dispusiéronse, pues no había otro remedio, a echar un rato de chuflas a costa del atrevido, pero bien fardado parroquiano.
Mas apenas hizo este las salidas de las seguiriyas, la escena había cambiado totalmente. El sueño, el cansancio, las ganas de reír y de burlarse desaparecieron como por ensalmo: la admiración más entusiasta se pintó en los semblantes. 



Andrew Atroshenko


Transportados a un mundo superior y pendientes de los labios del desconocido, los hombres seguían, en un silencio de asombro, las modulaciones de aquella voz.  Las mujeres lloraban...



Andrew Atroshenko


Y cuando el señorito aquel acabó la copla, la clásica seguiriya del maestro, brava y tremenda, que reza:



Andrew Atroshenko
 



 La malita lengua
que de mí murmura
yo la cogiera por en medio en medio,
la dejara muda.














Andrew Atroshenko







-¡Alto! -exclamó la vieja  bailarina que de peor gana   se había resignado a oír al intruso-. 







Ese cante no hay en el mundo más que una persona que lo diga. 


Andrew Atroshenko


Y esa persona...
-¿Qué?...-preguntó el desconocido, sonriendo.
-...esa persona es usted, ¡señor Silverio!


Andrew Atroshenko


¡El señor Silverio! ¡El señor Silverio ha vuelto a Sevilla! La noticia corrió como la pólvora... Pero aquella misma noche, hasta el alba, Silverio había cantado todo su repertorio de seguiriyas, tonás y serranas como tal vez no volvió a cantarlo en la vida."


¡Viva nuestro Manuel Machado! ¡Qué estampa hermosa, bella, emocionante, conmovedora y  humorística!


Nicholas Pearce


Continuemos con nuestro gran escritor. Me gustaría dedicaros a todos vosotros y muy especialmente a nuestro Maestro Manuel Segura un precioso poema de Manuel Machado:


Nicholas Pearce








 ...

LA LOLA

Nicholas Pearce
 
"La Lola se va a los Puertos.
La Isla se queda sola".


Y esta Lola, ¿quién será,
que así se ausenta, dejando
la Isla de San Fernando
tan sola cuando se va...?





Nicholas Pearce



  Sevillanas,
  chuflas, tientos, marianas,
  tarantas, tonás, livianas...
  Peteneras,
  soleares, soleariyas,
  polos, cañas, seguiriyas,
  martinetes, carceleras...

  Serranas, cartageneras.
  Malagueñas, granadinas.










Nicholas Pearce

 Todo el cante de Levante,
todo el cante de las minas,
todo el cante...
que cantó tía Salvaora,
la Trini, la Coquinera,
la Pastora...,







Nicholas Pearce


y el Fillo, y el Lebrijano,
 y Curro Pabla, su hermano,
 Proita, Moya, Ramoncillo,
 Tobalo -inventor del polo-,
 Silverio, Chacón, Manolo 
 Torres, Juanelo, Maoliyo...








Andrew Atroshenko





 Ni una ni uno
-cantaora o cantaor-,
llenando toda la lista,
desde Diego el Picaor

a Tomás el Papelista










  

   
Nicholas Pearce

   (ni los vivos ni los muertos),
   cantó una copla mejor
   que la Lola...

   Esa que se va a los Puertos
   y la Isla se queda sola.







 
Olé por el Maestro, nuestro compañero Manuel y por todos vosotros. Un beso fuerte.


Andrew Atroshenko

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