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martes, 2 de septiembre de 2014

DESOLACIÓN POR LA TERRIBLE PÉRDIDA DE JOSÉ MARÍA DELGADO



Me he quedado sin pulso


Me he quedado sin pulso y sin aliento
separado de ti. Cuando respiro,
el aire se me vuelve en un suspiro
y en polvo el corazón de desaliento.

No es que sienta tu ausencia el sentimiento.
Es que la siente el cuerpo. No te miro.
No te puedo tocar por más que estiro
los brazos como un ciego contra el viento.

Todo estaba detrás de tu figura.
Ausente tú, detrás todo de nada,
borroso yermo en el que desespero.

Ya no tiene paisaje mi amargura.
Prendida de tu ausencia mi mirada,
contra todo me doy, ciego me hiero.
                                                                                                   Ángel González



Nos hemos quedado sin pulso y sin aliento, cuando hemos sabido la triste noticia. José María Delgado, nuestro compañero, el profesor del ámbito científico-tecnológico ya no llenará un espacio necesario


Al fondo de azul cielo, José María, con sus compañeros y alumnos en Buitrago de Lozoya


Su figura en la sala de profesores, su tímida sonrisa, su entrañable carácter reservado, sus ganas de ayudarnos siempre...

Su cariño hacia los compañeros, su preocupación disimulada hacia los alumnos, sus ganas de compartir en todas nuestras actividades conjuntas, intentado ocultar que él estaba allí, pues su espíritu introvertido era aun más alto que su estatura. 



A la izquierda, con camisa a cuadros, José María en nuestra llegada al Centro Cívico Julián Besteiro de Leganés, el día de la graduación de los alumnos de Secundaria. [Fotografía por cortesía de Paqui Ferrer]


No hay en mí palabras suficientes de desolación, solo pena en un retorno cuya negra sombra me ha golpeado. Dolor de ausencia, desgarro de vacío en la silla que yo me sé, unas palabras sonando insistentes en el oído de la memoria. No puede ser más oscura una sala, cuando la presencia de un compañero incomprensiblemente ha desaparecido.  

Allá estarás proyectando una luz más encendida en algún sitio. Tendremos que continuar sin ti, no será lo mismo. No nos olvides, amigo, por favor, nosotros no lo haremos.

Hasta siempre, José María, querido, hasta siempre.



Jean Pierre Ruel


Sirvan estos versos al desconsuelo que sentimos. Un homenaje a la presencia que fue, para ti, amigo:


Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!


                                                                                                   Jaime Sabines



Gary Ruddell



¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla,
pero qué injustamente arrebatada!
No sabe andar despacio, y acuchilla
cuando menos se espera su turbia cuchillada.

                                                                                                             Miguel Hernández



Giorgos Rorris



Yo quiero ser llorando el hortelano
de la tierra que ocupas y estercolas,
compañero del alma, tan temprano.
 
 Alimentando lluvias, caracoles
Y órganos mi dolor sin instrumento,
a las desalentadas amapolas
 
 daré tu corazón por alimento.
Tanto dolor se agrupa en mi costado,
que por doler me duele hasta el aliento.
 
 Un manotazo duro, un golpe helado,
un hachazo invisible y homicida,
un empujón brutal te ha derribado.
 
 No hay extensión más grande que mi herida,
lloro mi desventura y sus conjuntos
y siento más tu muerte que mi vida.
 
 Ando sobre rastrojos de difuntos,
y sin calor de nadie y sin consuelo
voy de mi corazón a mis asuntos.
 
  Temprano levantó la muerte el vuelo,
temprano madrugó la madrugada,
temprano estás rodando por el suelo.
 
 No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta,
no perdono a la tierra ni a la nada.
 
 En mis manos levanto una tormenta
de piedras, rayos y hachas estridentes
sedienta de catástrofe y hambrienta
 
 Quiero escarbar la tierra con los dientes,
quiero apartar la tierra parte
a parte a dentelladas secas y calientes.
 
 Quiero minar la tierra hasta encontrarte
y besarte la noble calavera
y desamordazarte y regresarte
 
 Volverás a mi huerto y a mi higuera:
por los altos andamios de mis flores
pajareará tu alma colmenera
 
 de angelicales ceras y labores.
Volverás al arrullo de las rejas
de los enamorados labradores.
 
 Alegrarás la sombra de mis cejas,
y tu sangre se irá a cada lado
disputando tu novia y las abejas.
 
 Tu corazón, ya terciopelo ajado,
llama a un campo de almendras espumosas
mi avariciosa voz de enamorado.
 
 A las aladas almas de las rosas...
de almendro de nata te requiero,:
que tenemos que hablar de muchas cosas,
compañero del alma, compañero.


                                                                         Miguel Hernández

 

Steve Ciewslaski
                                                        


Yo quiero ver aquí los hombres de voz dura.
Los que doman caballos y dominan los ríos;
los hombres que les suena el esqueleto y cantan
con una boca llena de sol y pedernales.

Aquí quiero yo verlos. Delante de la piedra.

Delante de este cuerpo con las riendas quebradas.
Yo quiero que me enseñen dónde está la salida
para este capitán atado por la muerte.

Yo quiero que me enseñen un llanto como un río

que tenga dulces nieblas y profundas orillas,
para llevar el cuerpo de Ignacio y que se pierda
sin escuchar el doble resuello de los toros.

Que se pierda en la plaza redonda de la luna

que finge cuando niña doliente res inmóvil;
que se pierda en la noche sin canto de los peces
y en la maleza blanca del humo congelado. 
                                                    
                                                                                  Federico García Lorca 




Jill Frost


Alma ausente

No te conoce el toro ni la higuera,
ni caballos ni hormigas de tu casa.
No te conoce el niño ni la tarde
porque te has muerto para siempre.

No te conoce el lomo de la piedra,
ni el raso negro donde te destrozas.
No te conoce tu recuerdo mudo
porque te has muerto para siempre.

El otoño vendrá con caracolas,
uva de niebla y monjes agrupados,
pero nadie querrá mirar tus ojos
porque te has muerto para siempre.

Porque te has muerto para siempre,
como todos los muertos de la Tierra,
como todos los muertos que se olvidan
en un montón de perros apagados.

No te conoce nadie. No. Pero yo te canto.
Yo canto para luego tu perfil y tu gracia.
La madurez insigne de tu conocimiento.
Tu apetencia de muerte y el gusto de tu boca.
La tristeza que tuvo tu valiente alegría.
Tardará mucho tiempo en nacer, si es que nace,
un andaluz tan claro, tan rico de aventura.
Yo canto su elegancia con palabras que gimen
y recuerdo una brisa triste por los olivos.

                                                                                         Federico García Lorca




Nigel Cox


Nuestra más sentida condolencia para la familia de José María Delgado. Qué tristeza terrible para nosotros perder a nuestro compañero. Adiós, profesor, compañero, amigo.
.
"Sit tibi terra levis", que la tierra te sea leve.
 .

Steve Ciewslaski


Nuestras lágrimas.

 ...